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Mostrando entradas con la etiqueta Zombie a dieta. Mostrar todas las entradas
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Tras pasar todas las fiestas, cumpleaños y reuniones familiares, a pesar de que todavía me queden dos o tres maxi-eventos familiares este mes, he decidido reemprender mi dieta y he vuelto a la báscula.
89 kilos.
Tócate los huevos.
Me estoy convirtiendo en la versión ibérica de John Goodman.
Sí, me desanimé bastante, pero luego reflexioné, y encontré las causas. No solo han sido las comilonas de todo este mes, ya no sólo de Navidad, sino todos los cumpleaños a los que me ha tocado ir (parece que Enero es el mes predilecto entre mi familia para nacer), sino que también ha intervenido el factor culminante en mí: la anulación total y completa del ejercicio.
Tengo un metabolismo de cazador, que se dice, esto quiere decir que es un vestigio de cuando eramos medio monos. Los cazadores pasaban grandes períodos de hambruna, ya que no conseguían cazar una vez al día, de modo que su metabolismo evolucionó para hacer que quemaran grasas a un ritmo mucho más lento de lo normal. Al estar en continuo movimiento debido a sus labores depredadoras, la grasa se iba quemando, aunque, gracias al susodicho metabolismo, a un tirmo mucho más lento que les permitía seguir teniendo energías.
Como podéis imaginar, yo no suelo ir a cazar, de modo que un estilo de vida sedentario lo único que hace es impedir que queme grasas. Es decir, necesito ejercicio.
Debido a que tengo los exámenes el próximo lunes (y estoy verdaderamente acojonado por ellos) he suprimido todo este mes mi horita diaria de andar en pro de encerrarme en casa y ponerme a hincar codos como nunca los he hincado.
Conclusión: Comilonas + Nulo ejercicio = Imposibilidad de quemar grasas, ergo, cebamiento.
Tengo un metabolismo chungo, me lo vienen diciendo los médicos desde años. Lo mismo engordo con facilidad pasmosa, que me recupero de una intervención quirúrgica media en la mitad del tiempo previsto (otro día hablaré sobre mis asombrosos poderes de regeneración lobeznianos).
En definitiva, cuando pasen los exámenes, allá hacia comienzos de Febrero, reemprenderé mi ración de ejercicio diario, cuyo rendimiento ya comprobé anonadado cuando conseguí adelgazar dos kilos en una semana sólo gracias a mis paseitos matutinos.
La cuestión no habría pasado de ahí si no fuese por mi madre. Ya comenté anteriormente que las mujeres de mi familia tienen una cierta facilidad innata para hundirte en la mayor de las miserias humanas existentes aunque tu mayor crimen haya sido romper la punta del lápiz.
Tan pronto como bajé de la báscula comenzó a gritarme, describiéndome como infame máquina de tragar (a mi mente acudió el recuerdo de los Hipopótamos Tragabolas, cosa que me hizo risa, pero no expresé para no poner en riesgo mi integridad física), diciendo que me iba de parranda todas las semanas con mis colegas a cenas copiosas (mentira podrida, y los Imbéciles pueden dar buena cuenta de ello) y diciendo que me iba a morir de un infarto.
Esa fue la puta guinda del jodido pastel, con lo que acabé gritando yo también, diciendo que exageraba todo cosa mala, tergiversaba cuanto decía y que tenía un pronto muy malo, que empezó a atacarme ella aunque no se diese ni cuenta de ello.
Total, que acabamos las familia tirándonos de los pelos, mi madre dijo que era yo quien había empezado a la defensiva respondiéndole mal, y de esa postura no se movió a pesar de que hasta mi hermana pequeña, la cual acabó llorando a lágrima viva, reconoció que la hostilidad había comenzado por parte de ella.
menos mal que ayer hicieron House en la tele y pude echarme unas risas (internas, no fuera a ser que me riñese por ser feliz) a costa del nuevo investigador privado que tiene contratado, un personaje del cual no sé si encariñarme a pesar de que me mola mucho, tal vez porque cuando acabe los estudios podré optar por inspector o detective, ya que es también un personaje al que se pueden ventilar fácilmente. Y si no, que lo digan a Willson o a Zorra Implacable (Amber)

Hoy traigo un montón de temas atrasados de los que quería hablar, de modo que los trataré por puntos y de manera resumida, que los posts largos no me gustan. Y si alguien tiene alguna queja, se joda, éste es mi blog.

- La Cena del viernes
Y sí, con "C" mayúscula, porque fue una señora cena. Cualquiera que me conozca desde hace más o menos bastante tiempo sabrá mi desprecio absoluto hacia los grupos grandes a la hora de quedar, salir, etc. Un grupo de seis personas ya me parece hasta excesivo y acabo mareado al no saber con quién demonios hablar...
Pues bien, ese viernes, coincidiendo con el cumple de Alderan, me fui de cena, one more time, con Los Imbéciles (también con mayúsculas, no pregunten, no pregunten...) y nos juntamos la friolera de 13 personas. Habiendo dicho lo anterior, cualquiera pensaría que aquello fue poco menos que el Infierno en vida. ¡Pues no! El ambiente era tan amiguetil, y todos los participantes tan buenrolleros, que hasta eché en falta más gente de esa calaña (calaña de la buena).
Cenas en las que me lo haya pasado tan condenadamente bien, que yo recuerde, sólo están el cumple de Denbrough (a quien casi le di un beso con lengua) y el de Maryah.

- Mi grabadora
Conseguí en un chino un PRINCO suelto, que sól los encontraba en tarrinas y... redoble de tambor... ¡funcionó! De modo que mucho diréis de que si Verbatim es la polla, de que si PRINCO apesta, pero a mí me funcionan de maravilla, y espero que siga así durante mucho tiempo. ¡Ja!

- La dieta
Me he pesado hará una hora o así y me quedado pasmado. 86,6 marcaba la báscula. ¡Toma ya! ¡Flipa, flipa! ¡Estoy hecho un campeón! Quizá haya influido que, principios de semana, en lugar de andar una hora, lo hiciese durante dos horas y media varios días; pero, claro, ayer también me inflé a polvorones, y creí que había anulado los efectos, porque sobrepasé mi límite de siete a la semana y me comí unos nueve (no todos en el mismo día, ¿eh? Que no soy tan bruto)
Eso sí, cada vez que cojo algo que venga envuelto o enlatado, lo primero que hago es mirar las calorías... ¡Maldita sea! La quinceañera que hay en mí se resiste a la muerte.

- Se acaba el año
Y yo sigo a dos velas. Es frustrante. Ni siquiera me pegan un buen polvo por pena, como a Ben Afflek en Jersey Girl...

- Mi lavadora come transfers
Desconozco los hábitos alimenticios de tan necesarios electrdoméstico de gran uso dentro de cualquier hogar medio, pero, al parecer, la que reside en mi galería de proporciones irrisorias presenta un inusitado gusto por tal tipo de dibujo impreso en camisetas. Es echar una camiseta con transfer a lavar y ver como, poco a poco, va desapareciendo. Eso sí, llega un punto en el que la pérdida del dibujo se detiene, pero para entonces, los Reservoir Dogs que aparecen impresos en esa camiseta roja tan chula que me compré en el Saló del Cómic '08 ya no llevan trajes negros, sino rosas. Y los vinilos, otra que tal, Pascual. Se cuartean que da gusto...
Ahora Dios y mi lavadora me odian. O Dios expresa su odio a través de mi lavadora. Sea como sea, odio a Dios.

Por el momento, eso es todo. Les devuelvo la conexión con sus pseudo-felices existencias (seamos sinceros, todo el mundo podría ser un poquito más feliz de lo que es ahora; yo, sin ir más lejs, podría estar en Haruba con una mulata de anchas caderas y espesa melena azabache...)

Analizando mi situación personal e intransferible, obersvando mis pros y mis contras, he tomado distintas resoluciones para hacer frente a la dieta.
Respecto a la comida, no deberé hacer un gran esfuerzo, la verdad. Al ser mis padres quienes cocinan (qué buena e sla vida del estudiante...) las raciones ya las tengo controladas desde el momento en que nací, de modo que ni me cebo, ni me muero de hambre.
Sin embargo, cuando salga a comer fuera de casa es cuando debo empezar a comerme las uñas antes que las patatas bravas. En lugar de pedir menú, pediré un plato y, como mucho, ensalada. Y nada de bombones, a partie de ahora, café con leche. Con azúcar, le tengo manía a la sacarina.
No picaré entre horas. Esta proposición es un poco absurda, ya que en mi casa nunca hay nada "de picar". Ni cacahuetes, ni papas, ni un triste pedazo de pan. Lo máximo que he llegado a picar en estos últimos meses han sido chicles de menta (mis favoritos) o un quesito light de El Caserío.
El ejercicio es donde fallo estrepitosamente. A partir de ahora anadaré una hora al día, aprovechando que tengo que dejar a mi hermana en el cole a las 9, echaré a andar hasta la FNAC y, poco después de las 10, cogeré el metro para volver a mi casita a estudiar.
Además, he leído que un poco de ejercicio en ayunas es más efectivo que una hora en el gimnasio a media tarde, de modo que, nada más levantarme, después de quitarme las legañas, haré veinte abdominales (si me llegan las fuerzas).
Siguiendo otro orden de cosas, debo empezar a ignorar a mi madre o cualquier otro familiar de género femenino cuando comenten cualquier cosa sobre mi aspecto, ya que, aunque simplemente critiquen el que me deje barba, hacen lo posible por hundirme en la miseria, y lo peor es que ni se dan cuenta.
También debo empezar a desoír a la quinceañera que llevo dentro, una muchacha preadolescente que todavía conserva la ilusión de ingresar en las animadoras y casarse con el capitán del equipo de baloncesto del instituto. Esta alegre y cargante jovencita sólo saldrá de mí para ver películas como Mamma Mia! o ver series como Mujeres de Manhattan, y nunca para contemplar dleante del espejo lo horrible que le quedaría una minifalda.
Hay quien dice que lo que realmente me hace falta es echarme novia. A esa gente les digo que me la busquen ellos, que a mí ganas no me faltan, pero de tiempo ando escaso. Supongo que también habrá quien me lo diga por tocarme los cojones. En ese caso, dadlos por tocados, ya les paso yo un aviso que los veo casi todos los días.

P.D.: Mi dietista me comentó que, siendo las fechas que son, me daba permiso para comerme un trozo de turrón (o equivalente) al día, o, en su defecto, siete trozos un día y nada el resto de la semana. Parece poca cosa, pero es alentadora de cara a las comidas familiares.

P.D.2: A los que dan por culo con el tabaco, deciros que limito mi consumo a un máximo de tres paquetes por mes, y a un máximo de cinco cigarrilos por día, que son los que el organismo puede depurar con normalidad.

Hoy he ido al dietista. Qué horror...
He engordado dos kilos, ahora mismo peso 88 monstruosos kilos, he dejado de parecerme a Jack Black para empezar mi transformación en John Goodman.
Además, mi dietista, Antonio, un señor mayor, calvo, bajito y como un palillo, me ha echado la bronca delante de mi hermana (que sólo ha engordado 600 gramos y porque lleva la mano escayolada, será...).
Definitivamente, tengo que tomarme la dieta en serio. Aunque está comprobado que no es tanto por lo que como (en mi casa no hay mucho dinero para comida en abundancia), sino por lo poco que me muevo. Y es que mis dos actividades principales (estudiar y dibujar) requieren de más bien poco o nulo esfuerzo físico.
A partir de hoy andaré una hora al día. Y voy a volver a fumar, me cago en la puta, que con las ansias pico entre horas, ya trataré de dejarlo por tercera vez más adelante (fumaba una media de dos o tres paquetes al mes, eso afecta entre nada y poco al organismo, realmente).
También tengo que pesarme una vez a la semana y procurar perder medio kilo (es decir, 500 gramos) cada vez. De modo que dejamos la marca aquí y ahora en mis horribles 88,3 kilos. Joder, me siento como una solterona...
Y voy a ponerlo aquí cada semana, con una etiqueta nueva y todo, para enfrentarme al escarnio público, a ver si así, sabiendo que más gente a parte de mi madre va controlarme, la culpabilidad me hace adelgazar, hostia ya.

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