Ida, vuelta y otras idas de olla
Ya he vuelto de Ponferrada, concretamente, de Villadepalos, un pueblo consistente en dos calles. Y cuatro bares. Con dos cojones.
¿Qué decir de mi estancia? La índole de mi visita era de tipo familiar, de modo que aquello fue una puta mierda, 24 horas rodeado de familia sin descanso, sin intimidad, incluso tenía que cagar con miedo por si alguien abría la puerta (creedme, echar el pestillo era peor idea), pude ver Saber Vivir de cabo a rabo, así como Amar en tiempos revueltos, o De buena ley, en resumen, un cocktail de televisión sexagenaria poco recomendable para cualquier mente sana.
Así pues, la familia del pueblo está un tanto chapada a la antigua, para qué engañarnos, de modo que me encontraba con comentarios del estilo "¿no eres un poco mayor para leer tebeos? yo dejé de hacer eso a los doce años", con unas ganas de contestarle "ya, pero a tus doce años sólo había Zipi y Zape, y si pruebas algo de Red Sonja o Predicador, te cagas en los pantalones", pero un servidor, a callar, que si no me llovía colleja paterna...
Eso sí, pude hacer una escapadita, la escapadita más feliz de mi vida, a tenor de los acontecimientos, y es que, por fin, pude conocer a Misaoshi.
El segundo día de mi aletargada estancia en tierras norteñas pude quedar con ella y con Sergio (el binomio, que dice ella). Quedamos cerca de la basílica, y allí apareció, una morenaza de curvas turgentes y mirada vivaracha, con quien no pude propasarme mucho porque estaba acompañada de una mole humana de metro noventa, con aspecto bonachón, pero, claro, Chewbacca también parece bonachón, hasta que te arranca los brazos. Sí, el Chewbacca era Sergio, quien resultó ser un tipo la mar de amiguetil.
De modo que nos fuimos de bodegas, y recibí amenazas de muerte cuando fui a sacar mi fabulosa cartera de Spiderman. Cosas de la hospitalidad del norte, son todos muy amables, pero algo brutotes. Hasta la fecha, Misaoshi ostenta el récord de ser quien me ha invitado a más cervezas. No sé exactamente cuántas me bebí, sólo sé que fueron muchas, muchísimas, y que le agradezco cada trago de cebada de trigo.
¿Qué decir de este curioso par? Soy muy malo diciendo lo que siento, de modo que lo dejaremos en un "tengo muchas ganas de volver a verles", que viniendo de un tío parco como yo, creo que expresa más de lo que parece. A ver si podemos organizar un finde en Madrid, y, si se puede organizar, Misa, quiero que avises a tus amigas más guarras, a las que se emborrachen más fácilmente y a las que estén más emocionalmente vulnerables.
Otra cosa buena del viaje fue Shinigami Comics, una librería especializada poco más grande que el recibidor de mi casa, pero atendida por una diosa de cabellos azabache en larga y lacia melena, tez clara y labios carnosos, de sonrisa fácil y agradable... Vamos, que estaba muy buena, buena no, buenísima. Tan buena, que volví dos o tres veces a la tienda. Y además, la chica sabía de lo que hablaba, maldita sea, estuvimos despotricando contra Planeta y su mala gestión con las distribuidoras... ¿Por qué no hay mujeres así en Valencia?
En fin, eso ha sido todo, ya estoy de vuelta en casa, si me necesitáis para algo, sabéis dónde encontrarme, estaré encantado de atenderos, quedar con vosotros y, si sois bellas féminas, compartir mi lecho.
Larga y próspera vida.


















