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Esta noche, entre estertores de muerte por deshidratación y el acoso incansable de centenares de mosquitos salidos del averno (e inmunes a todo tipo de arma química), he tenido el mejor sueño de toda mi mísera existencia.
Y no, no era erótico.
Bueno, casi.
Realmente ha estado fracturado en varias partes, ya que me despertaba por las molestias varias d elas noches veraniegas valencianas, pero cada fragmento era una parte d eun puzzle ordenado cronológicamente.
La recopilación crearía lo siguiente:

El protagonista, cómo no, era un servidor, y trataba por todos los medios humanos posibles unirme al cuerpo policial de New York City (que dicho así suena mucho más c00l, como un iPhone), pero, por una cosa u otra, no lo conseguía.
El caso es que estaba contándoles mis penas y entresijos a mis colegas los sargentos Murtaugh y Riggs (con sus melenas, como en las primeras entregas de Arma Letal, de la que se rumorea una quinta parte, por la que llevo rezando varios años) mientras caminábamos por las calles neoyorkinas cuando unos atracadores nos sorprendieron a la entrada de un banco.
Ellos, como buenos policías, me lanzaron tras un cubo de basura para ponerme a salvo y se liaron a tiros con los criminales. Lo normal en Nueva York.
Todo iba, más o menos, bien, con sus disparos, explosiones y gritos, cuando, de repente, un nuevo atracador apareció de la nada (uno de esos sucesos insospechados de los sueños) y comenzaba a disparar contra Riggs con un revólver Colt, de esos que llevaban los vaqueros del Lejano Oeste. Desde detrás del cubo pude ver cómo un primer disparo se hundía en la carne de Riggs y no pude evitar salir corriendo a tratar de protegerlo (Murtaugh estaba liado con los otros malosos), y mientras corría hacia él hacían blanco dos nuevas balas. Finalmente lo alcancé, pero me llevé yo los tres balazos que quedaban en el cargador del Colt, con lo cual, a pesar de haber salvado la vida de Riggs, estábamos jodidos.
El siguiente fragmento me situaba en la sala de observación de quirófano, ese palco que hays obre las salas de operaciones de algunos hospitales, como los que salen en House, M.D., junto a Murtaugh y el capitán de la comisaría de Nueva York (donde ellos eran polis y yo quería entrar).
Juntos observábamos la operación a la que estaba siendo sometido Riggs para que le extrajesen las tres balas que le habían metido, pero llegados un punto, los médicos empezarona buscar una cuarta, con lo que casi despiezan al pobre poli. En ese momento empecé a golpear furioso el cristal del palco mientras gritaba que las otras tres balas las había recibido yo y ya me las habían quitado.
No me creyeron hasta que les lancé las balas extirpadas a la cara.
Y en éste punto, la cosa se puso caliente, puesto que apareció un nuevo poli, el poli más duro de Nueva York, un poli que, siendo sólo un detective, hacía estremcerse hasta al jodido presidente de los Estados Unidos de América.
Por la puerta entró Bruce Willis.
Y estaba cabreado.
¿Por qué estaba cabreado?
Porque no me habían aceptado como poli.
Entró gritando, haciendo aspavientos y tirando al suelo todo lo que se encontraba mientras blasfemaba que por qué demonios no me habían cogido a mí, un puto héroe (os juro que lo dijo así), y, en cambio, habían aceptado a un montón de chupatintas que sólo querían hacer el trabajo de oficina y cobrar del Estado mientras se inflaban a donuts.
Así fue como, gracias al Tito Willis, me aceptaron en el cuerpo policial neoyorkino.
Aquí la cosa volvió a cortarse, y el fragmento siguiente nos situaba a todos celebrando mi entrada al cuerpo (Riggs un poco jodido, pero nada fuera de los normal) en un deportivo rojo descapotable como el de Starsky y Hutch que nos había prestado el alcalde junto a unas cuantas pilinguis, todos caminos de alguna cantina donde ahogarnos en birra fría (y olivitas, seguramente).
Sin embargo, a través de una de las pilinguis, descubrimos que el alcalde tenía tratos con la mafia, y que nos había dado fiesta para tenernos lejos de la ciudad, cosa que enfureció especialmente a Bruce Willis, quien, intentado agarrar a una pelandusca para sacarle información, dio un mal volantazo y estampó el coche contra un poste.
Una vez consiguió toda la información que quería y necesitaba, nos dejó en la calzada y dijo que tenía que ocuparse del asunto él solo, que era personal. Todo ésto, cómo no, aderezado con un montón de tacos. Lo último qu me dijo era que tendría que ayudarle a destrozar el coche del alcalde.
Y aquí viene el último corte, puesto que el siguiente fragmento es el último, y el más glorioso.
Murtaugh, Riggs y yo llegamos a las afueras de la ciudad (ni rastro de las pilinguis) y otamos que el suelo tiembla a nuestras espaldas.
Cuandos no giramos vemos cómo un chalé explota a lo lejos.
Estaba bastante claro que Bruce había acabado con sus pesquisas, de modo que nos sentamos en la acea para esperar a que volviese, mientras me rpegunto cómo demonios voy a ayudarle a destrozar un maldito coche.
Pasado un rato, oímos el rumor de un coche a lo lejos, y, por el horizonte, observamos cómo Bruce Willis regresa, lleno de hollín y suciedad variada, conduciendo el descapotable (al que le faltaban varias piezas) a toda leche. En una maniobra magistral, hace girar el coche en un derrape que ríete tú de Vin Diesel en A Todo Gas y estampa el auto contra una furgoneta de transportes.
Sale del coche humeante, que amenaza con explotar en poco tiempo (en América, los coches explotan a la mínima, todo el mundo lo sabe), y tira al conductor de la furgoneta al suelo de un puñetazo. Mientras sube la destrozada furgo, me hace un gesto para que suba con él.
Una vez dentro, y mientras empieza a maniobrar, me explica que el alcalde estaba metido en algo más gordo con la mafia, que esas furgonetas eran de una empresa tapadera y que iban a dar un golpe importante usándolas.
Total, que tenemos que cargarnos todas las furgonetas.
En las últimas escenas de mi sueño pude ver a Bruce Willis conduciendo y maldiciendo, sacando de la carretera a otras furgonetas, y a mí disparando a los malos mafiosos a través del parabrisas roto.
Los dos en camiseta de tirantes y llenos de mierda y cortes.
¿El descapotable rojo? Evidentemente, explotó.

Éste ha sido el mejor sueño de mi vida, lleno de acción, explosiones, hostias y tiros, aderezado con un guión que realmente enganchaba (una lástima que no recuerde esos pequeños detalles que tanto enriquecen una trama, como qué demonios tramaba el alcalde y la mafia o si me tiré a alguna de las pilinguis); y sin mierdas introspectivas para profundizar en los personajes, que eso no sirve para nada, sólo consume un tiempo precioso que podría usarse en otras cosas que no aburriesen al espectador.
Y, sobretodo, estaba Bruce Willis.

6 notas:

"Por la puerta entró Bruce Willis.
Y estaba cabreado.
¿Por qué estaba cabreado?
Porque no me habían aceptado como poli."

Esto, sumado a la foto elegida, ha hecho que me riera un buen rato.

"sin mierdas introspectivas para profundizar en los personajes, que eso no sirve para nada, sólo consume un tiempo precioso que podría usarse en otras cosas que no aburriesen al espectador."

¡Bravo! ¡Así se habla! ¡Y abajo la crítica! Y... ¡Arriba el cine de palomitas! Y, y... A ver... ¡Saquemos otro típico tópico!

9 de agosto de 2008, 17:39  

Realmente... sí que has tenido un sueño orgásmico, uno de esos que sólo se tienen una vez en la vida. Tienes suerte de recordarlo. xD

Te diría que me preocupa esa pasión irracional hacia el tito Bruce, pero teniendo en cuenta cómo es el tito Bruce... Me callo, no sea que me infle la cara a ostias y luego me deje colgando de un edificio boca abajo...

9 de agosto de 2008, 17:48  

Jaja me ha gustado mucho tu sueño, sobretodo lo de Bruce Willis xDD.

Bueno, no pensaba dejar ningún comentario, pero visto lo del sexo anal involuntario con Stan Lee, pues aquí te lo dejo.

Buen blog!
Saludos!

10 de agosto de 2008, 0:52  

Fleming: Sin cine palomitero no habría cine porque las salas se quedarían vacías.
Si pago 6€ por una película quiero que me entretengan, no ver a un tío quejándose por todo en la vida, para eso me miro en un puto espejo.

Jill: Me parece que es cierto eso de que ha sido un sueño único en la vida, porque hoy he tenido una pesadilla horrible que me ha mantenido la mayor parte de la noche temblando (lo juro, estaba más asustado que un chiquillo a solas con un cura)

Mia: Me alegro de que te haya gustado, la verdad, ¡y bienvenida por éstos lares! ^^
Stan Lee te da su bendición xD

10 de agosto de 2008, 7:15  

Eres friki hasta para soñar, ademas de un maldito egocentrico que autoalimenta su imagen personal, pero coñe, al menos tienes buen gusto para tener sueños xD Yo no soy digno de soñar con la sagrada imagen del tito Bruce, aun no me lo merezco...

Y mira que quedarte sin saber si te tirabas a alguna de las pilinguis... Bruce Willis esta bien, pero no tiene tetas... xD

12 de agosto de 2008, 0:37  

¿Me preguntas que qué prefiero, si a Bruce Willis o a dos pilinguis?
¿Es una pregunta con trampa?
Por cierto, tengo una tira por entintar que trata sobre ese mismo asunto xD

12 de agosto de 2008, 14:29  

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